Siete fuentes de inspiración para crear una novela romántica

Nos gustan las novelas románticas, sí, pero sobre todo aquellas que tengan la capacidad de emocionarnos y sorprendernos. Observa que ambas expresiones (la emoción y la sorpresa) tienen que ver con las habilidades del autor para construir una trama bien urdida, con los vericuetos adecuados para hacernos transitar por la experiencia amorosa de dos protagonistas cuyo final tenemos certeza de saber cuál será desde el principio. Pero también tiene que ver con la originalidad de la idea, del argumento, del trazado creativo que el autor o la autora ha creado para manejarnos. Sí. Porque eso es lo que debe hacer un buen autor; llevarnos por senderos que creemos conocidos para que de pronto descubramos que nada de lo que creíamos como establecido es tal, y que el camino se llena de imprevistos.
Desde mi punto de vista lo más interesante de la novela romántica es su estructura. Y eso es a su vez su gran hándicap (hablaremos de ello otro día). Pues desde este punto de vista toma un papel relevante la originalidad de la idea, del argumento, y sobre ello vamos a dar algunas vueltas a partir de ahora.

¿De dónde se puede extraer una idea original para una novela romántica? Por supuesto de la inspiración, que no es otra cosa que trabajar mucho y de forma constante, pero transitemos por las diferentes posibilidades y conozcamos los mecanismos que llevarán a una escritora a poner a nuestra disposición sus ideas creativas en formato novela. Vamos a ver siete posibilidades o fuentes de ideas que son posibles de aprovechar.

Esta primera fuente de inspiración es la reelaboración de ideas ya descritas. No hablamos de plagio, sino de inspiración. Todas las historias que es posible contar ya estaban contenidas en La Ilíada, así que no estaría de más beber de fuentes, clásicas o no, y extraer de ellas algún hilo conductor que nos inspire para elaborar un argumento diferente y original (muy utilizados han sido los cuentos clásicos, desde La bella durmiente hasta cuentos recogidos en Las mil y una noches, desde antiguas narraciones japonesas a mitologías hindúes). Piensa en la fábula de la cigarra y la hormiga… ¿y si los convertimos en nuestros protagonistas, hombre y mujer?, ¿y si ambientamos la obra en 1800?, ¿y si los unimos por medio de un conflicto amoroso?... ya tenemos una obra nueva inspirada en un mito popular.

La segunda fuente de inspiración es el personaje.  Consiste en partir no de intentar generar un argumento, sino de intentar diseñar un personaje diferente. Para ello debemos eliminar toda idea preconcebida y centrarnos en crear un tipo atractivo. Despojémosle de cualquier atributo para ir creándolos poco a poco. Imaginemos a una mujer, cercana a los cuarenta, morena, sin demasiados atractivos físicos. Poco hasta aquí. Tiene una ligera cicatriz bajo el lóbulo de la oreja, visible solo a la fuerte luz del sol, ¿a qué será debido? Imaginemos que tiene un pasado turbulento, por ejemplo que ha matado a un hombre por venganza. Pensemos que es apasionada y vehemente, aficionada a las matemáticas y a leer novelas de terror… investiga dentro de ti sobre ella, descubre dónde vive, cómo vive, qué le gusta o desagrada… observarás que pronto aparecerá una historia que solo hay que apretar un poco para que sea una historia de amor.

Vayamos con la tercera. La más obvia; el argumento. Lo habitual, y no por ello debemos desecharlo, es comenzar a diseñar una novela imaginando un argumento. Aunque insisto en que no siempre es el camino más fácil. Para imaginar un argumento es recomendable comenzar por el conflicto. Por ejemplo; Belle es una mujer comprometida con la causa confederada durante la guerra civil americana, pero tiene la mala suerte de enamorarse del yankee que está persiguiendo hasta la muerte a sus hermanos. Aquí está lo básico (los protagonistas y el conflicto). Ahora todo esto habría que llevarlo a un final positivo.

El cuarto motor de generar ideas es las ganas de escribir. Puede parecer simple, pero la escritura es más una necesidad que un hábito, por lo que si necesitamos escribir una novela,  ésta terminará manando de nuestros dedos a través de las techas de nuestro ordenador. ¿Cuál es el consejo en este caso? Hazlo. Empieza en cuanto dejes de leer este artículo. Abre un documento en blando, prepárate un buen café (o té, o vino, o agua con azúcar) y deja que surjan las palabras. Deslabazadas. Te aseguro que pronto tomarán la forma de una historia.

Sigamos con la quinta, que no es otra que un esquema de la composición. Otras veces el pistoletazo de salida de una novela magnífica viene dado no por lo que queremos decir, sino por cómo queremos decirlo. Por ejemplo, te apetece contar una novela en tercera persona, con un narrador activo dentro de la trama, que se base en la unidad de espacio y tiempo. Que transcurra en un solo día, de forma rápida y ágil, en el interior de una casa de campo y con solo tres protagonistas. A partir de aquí empezaremos a trabajar, buscando qué trama es la que puede hacer atractiva al lector la lectura de este reto de limitaciones, ¿en qué subgérero la enclavamos (de pronto me parece interesante el histórico)?, ¿qué personajes?, etc.

Como motor de ideas número seis situamos cualquier cosa que nos preocupe o nos obsesione. Es posible que estén en el ámbito de los deseos o de los secretos. Observa que los deseos suelen hacer que nos movamos, que actuemos, así que eso producirá en nuestros personajes. Mientras que los secretos nos paralizan, nos obligan a retroceder y lo mismo les pasará a los actuantes de nuestra novela. Nuestras obsesiones y problemas son una gran fuente de inspiración. Imagina que  la semana pasado tuviste un malentendido en tu trabajo, o con una amiga, que te aguó el fin de semana. Ya tienes un tema para montar una novela romántica. El conflicto puede ser una serie de malentendidos encadenados. ¿Una Chick Lit? sería divertido. ¿Una de Suspense Romántico?
Y en el número siete colocamos un motor muy genérico que bautizamos con el nombre “Una idea cualquiera”, que puede ser un tema, o simplemente algo percibido en una anuncio  de televisión, un recorte de prensa, o que has oído en el autobús mientras intentabas disfrutar de la última novela de Claudia Velasco. Busquemos una de estas ideas al azar… por ejemplo la escasez de agua en el mundo. Es un buen principio, ¿no? Indaga sobre el tema, documéntate. ¿Aparece ya una historia por tu cabeza? Una doctora en Kenia ha decidido


Emoción y sorpresa. Dos sensaciones que siempre buscamos los lectores de novela romántica y que los autores tienen la obligación de darnos. 

Artículo publicado enel nº 15 de la revista Románticas Magazzine
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