26 ago. 2013

La ecuación del éxito en la novela romántica

Supongo que llegué a la novela romántica de manera similar a la tuya. Un día en casa no había que leer y sobre la mesa descansaba una novela de pastas edulcoradas y título excesivo. ¿Qué me impulsó a cogerla? Quizá el aburrimiento de una ociosa tarde veraniega o la curiosidad por ver qué leían mis padres. El caso es que una vez devorada se produjo la magia. Ya estaba enganchado. Permíteme decir que ya era adicto. Que pertenecía a un club donde queremos entendernos.
La última de Anna Casanovas

No hay duda de que la novela romántica es un género literario de éxito. Prueba de ello son algunos de los datos que nos aporta la Federación de Gremios de Editores de EspañaLa novela romántica es el segundo género de novela más editado por número de títulos, solo detrás de la narrativa contemporánea. Se edita un 70% más de títulos de romántica que de novela policíaca (tan de moda), y triplica a la Ciencia Ficción y al Terror. Y mueve una facturación de más de 42 millones de euros anuales.

Pero la realidad no solo está descrita por datos estadísticos, sino por hechos difícilmente medibles pero muy representativos. ¿Cómo medir el éxito de la novela romántica hoy en día? Quizá la forma más intuitiva de hacerlo sea a través de los imputs que nos aportan las páginas especializadas en Internet y que vehiculan cada mes a decenas de miles (creo que a cientos de miles, pero no me atrevo a afirmarlo) de seguidores y seguidoras del género; en los foros literarios donde se suceden los comentarios, sugerencias, críticas; en los encuentros como los de Sevilla, Tarifa, Madrid, A Coruña; en las revistas especializadas como Románticas Magazzine, que recogen y acercan al público lector todo aquello que es necesario saber. En las mesas de novedades de las librerías. Allí es de verdad donde podemos constatar el éxito de este género y sorprendernos por la cantidad de seguidores que consigue movilizar.

Y mi pregunta es... ¿Qué provoca que todos nosotros, que tú y yo, lectores y lectoras, experimentados o no tanto, sintamos esta pasión por el género romántico? Es una cuestión que me obsesiona desde hace años porque es bastante ajena a los modismos editoriales. No tiene que ver con detectives suecos ni con catedrales oceánicas. Éste es un género amplio, difuso, de difícil circunvalación, que parece tener un nexo común que nos aglutina.

Pero vamos más allá. Posiblemente tú y yo tengamos poco en común, distintos gustos, muy diferente aspecto. ¿Rubia o moreno?, aficiones opuestas, ¿mascota?, la montaña o la playa, ¿con o sin azúcar?... entonces... ¿Cuál es la fórmula mágica que permite a personalidades tan diversas encontrarse en un mismo punto y apasionarse por él?

El éxito de Isabel Keats
En un primer momento pensé que se trataba del AMOR. Indudablemente todos queremos amar y ser amados por otros, por lo que una obra que trate de ello es posible que nos guste a la mayoría. Pero rápidamente deseché la idea. No se trataba solo de eso. Simplemente repasé al azar las últimas obras que había leído y descubrí que la inmensa mayoría de ellas contenían una historia de amor. Desde la exquisita “La mujer justa” de Sandor Marai, a la maravillosa “Nada es crucial”, de Pablo Gutierrez. Desde la delicadeza de “Palabras de invierno”de Ann Beatle, al erótico “El Satiricón" de Petronio. Disculpadme esta pedantería , pero es la única forma que se me ocurre de ejemplarizar que novelas muy alejadas unas de otras en el tiempo y el estilo se hilvanan desde siempre en torno a la relación amorosa. Sin embargo ninguna de estas (que te aseguro hablan del amor de una manera arrebatadora) son lo que nosotros consideraríamos “Novelas románticas”.

Tardé tiempo en darme cuenta de que la clave podría estar en la estructura. Esta estructura implica una fórmula evidente pero a la vez sutil que siempre se repite. Era una coincidencia milagrosa. Era una ecuación tan compleja como inocente. Ese parecía ser el eslabón perdido, el punto común que aunaba subgéneros diversos, historias dispares, pero que tanto tú como yo somos capaces de reconocer como una novela romántica actual.

Encuentro, conflicto y positividad 


Poco más o menos que estas tres palabras. Dos entes se encuentran, surge un conflicto, y se resuelve de forma positiva. Así de sencillo y de complejo a la vez es la estructura base de lo que nosotros identificamos como novela romántica. La mayoría cumple esta sencilla regla. Se repite a veces en otros géneros ajenos al romanticismo, pero no de una manera tan evidente, tan clara como para marcar la totalidad de la obra. Por eso indicaba antes que es difícil definir dónde están los límites.

Déjame que repasemos esta ecuación en profundidad, que meditemos juntos sobre ella, y saquemos conclusiones.

EL ENCUENTRO: no me gusta decir aquí “personajes”. Creo que es más correcto en el ámbito de este artículo decir que dos entes se encuentran (¿personas, fantasmas, duendes, abominaciones demoníacas, etc?) Así comienza toda novela romántica. Un planteamiento donde dos entes tienen constancia el uno del otro. Es como un milagro. El universo se confabula para que dos entidades se acerquen.  Algo tan sencillo puede convertirse (y debe) en algo complejo. ¿Cómo se encuentran? A veces en el primer párrafo el autor ya nos lo muestra: en un paseo, durante un baile, en el trabajo, en la escena de un crimen. Otras veces conocemos a uno pero solo oímos hablar del otro, que irá perfilando su apariencia y carácter a través de rumores hasta verlo al fin en el segundo o en el quinto capítulo, o incluso a mitad de la obra. Y otras más estos dos protagonistas transitan la novela en paralelo y desgranando sus propias historias, descubriendo su amor solo en el clímax, al final de la obra.


Ya ves, mil fórmulas que tienen por objeto hacer que dos entidades tomen conciencia la una de la otra y se enamoren. Antes o después. Esa es parte de la esencia de este género.

Pongamos un ejemplo: un hombre y una mujer. ¿Época? Finales del siglo XIX. ¿Edad? Jóvenes, no más de veinte años. ¿Aspecto? El que prefieras. ¿Dónde se conocen? A orillas del mar, pues aún es verano. Mientras él observa las aguas que le reclaman y ella intenta escapar de un peligro incierto.

EL CONFLICTO: entre estos dos entes debe existir un conflicto amoroso. Este conflicto es tan importante que debe ser la base de la novela. El autor debe preguntarse, incluso antes de decidir de qué trata la obra... ¿Por qué mis personajes no pueden realizar su amor? La respuesta a esta pregunta es el motor que moverá la obra y toda ella se diseñará en torno a éste. Cuanto más difícil de contestar sea esta pregunta más efectivo será el conflicto. Más interés despertaremos en el lector. En cambio, cuanto más evidente sea la respuesta, más tendremos que trabajar la arquitectura de la novela para que el lector no la deseche por fácil, por recordarle a otros argumentos ya leídos, por aburrida.


El conflicto es, por tanto, la cuestión imprescindible que toda novela debe resolver. ¿Y cómo debe ser en la novela romántica? Evidentemente debe ser un conflicto amoroso. Ya tenemos la segunda clave: nuestros personajes deben toparse con algún motivo por el que su amor no podrá realizarse y este motivo debe se amoroso. A este conflicto lo ayudaremos, posiblemente, con otros más que nos permitirán potenciarlo. Conflictos extra-amorosos que estarán vinculados a otras tramas de la novela, pero en ningún momento debemos perder de vista que el conflicto primigenio es el camino a seguir.

Continuemos con nuestro ejemplo. Busquemos un conflicto entre nuestros personajes que despierte interés en el lector. Se me ocurre que pueden descubrir en algún momento del comienzo que son hermanos. ¿Es un buen conflicto? No mucho pero como ejemplo nos servirá.

Observa que este conflicto acaba de impedir que su amor se realice por lo que cumplirá su función. La novela deambulará a partir de este punto alrededor de ese conflicto, intentando resolverlo junto al lector. Exponiendo los problemas que tamaño inconveniente va a producir en nuestros protagonistas. Demos un paso más ahora hacia la resolución.

EL FINAL: en la novela romántica el final es positivo. ¿Significa esto un final feliz? No necesariamente. Aunque lo habitual es un final donde los personajes terminan realizando su amor, una lectura profunda de este género nos dice que, ni mucho menos sucede siempre así. Lo que sí ocurre la mayoría de las veces es que el lector termina de leer la obra con una sensación agradable. Aunque los protagonistas no terminen juntos. Diríamos que “con una sonrisa en los labios”. Sí, incluso en los subgéneros más oscuros como el paranormal.

Por lo tanto el final positivo es más la proyección de la resolución de la novela en el lector, que realmente lo que les suceda a los personajes.

Este final positivo debe dar respuesta cierta a la cuestión planteada en el conflicto y debe actuar en dos frentes:
  1. Por un lado debe resolver el problema planteado.
  2. Por otro debe hacerlo de manera sorpresiva o inesperada para el lector.
Veámoslo con nuestro ejemplo: digamos que la razón por la que nuestros personajes pueden al final consumar su amor es … porque se enteran que uno de ellos era adoptado. Analicemos este final. Cumple perfectamente la primera de las dos condiciones pues soluciona satisfactoriamente el conflicto. Sin embargo no cumple ni de lejos la segunda (ser sorpresivo). Este final sería predecible por lo que le lector quedaría defraudado.

¿Ves qué fácil y a la vez qué complicado? Esta es la labor de un autor; encontrar argumentos originales, personajes controvertidos, crear conflictos irresolubles aparentemente y … solucionarlos de manera inesperada y satisfactoria.

Esta es la fórmula del éxito. El gran milagro de la novela romántica. Su enorme hallazgo. Y también su gran inconveniente. ¿Por qué un inconveniente? Porque en una estructura tan constreñida debemos trabajar siempre hacia la originalidad pero respetando el marco que nos proporciona esta ecuación. Eso es difícil y a la vez apasionante por lo que debemos contra con otros elementos que nos ayuden.

Publicado en en el número 14 de la revista Romantica`s Magazzine