En busca del equilibrio perfecto


No hay fórmulas mágicas, pero encontrar el equilibro dentro de una novela, entre sus partes más destacadas, creo que es una aspiración a la que tendemos todos los que nos dedicamos a la narrativa.



Una vez leí que la novela es siempre el relato de algo excepcional, y como tal debe ser contado, de forma que esta excepcionalidad quede patente. ¿Con qué elementos contamos para hacerlo? Con infinidad de ellos pero, de entre todos, tres son los que compondrán el fondo del tapiz y son por lo tanto los más destacados. Se trata de la descripción, el diálogo y la acción.


Noborok dijo que consideraba a los escritores que utilizaban más de una página de diálogo seguidas unos perezosos impertinentes, y que por lo tanto no serían leídos por los lectores. Creo que esta afirmación tenía más que ver con la moda del momento que con la realidad, pero no la perdamos de vista.



No existe ninguna teoría normativa aplicable que determine el espacio que hay que destinar a la descripción estática, al diálogo y a la acción dentro de una novela. Sin embargo con una simple ojeada  a la obra podemos ver el peso de cada una de ellas. Las novelas de ficción romántica muy acotadas con diálogos pueden pecar de ligeras, de falta de contenido. Las demasiado descriptivas pueden ser densas y poco entretenidas. Y la falta de acción de los personajes, cuando estos se vuelven estáticos y contemplativos, terminan aburriendo al lector. ¿Cómo lo abordamos entonces?


Definamos los términos:




Entendemos por descripción estática aquella en la que el autor le dice al lector qué aspecto tiene un lugar, un objeto o una persona. El problema se produce cuando la descripción parece irrelevante, innecesaria, o en lugares donde la trama demanda acción. Cuando no se tiene cuidado, el uso de la descripción estática puede opacar la novela hasta oscurecer el hilo de la trama y detener la acción. 




El diálogo consiste en aquello que los personajes se dicen entre ellos, o se dicen a sí mismos cuando se trata de un diálogo interior, y sirve para revelar el carácter del personaje y para activar la acción. El problema lo encontramos cuando está vacío de contenido, es artificioso o poco natural, y solo sirve para rellenar páginas.




La acción  es una mezcla de diálogo y de descripción y se caracteriza por el impulso que da al hecho que narra. 


Los personajes se desarrollan mejor a través de la acción que mediante las descripciones estáticas.



Una vez expuesto lo anterior, ¿cuál es mi propuesta sobre el tema? Allá voy: 


  • Creo que debemos centrarnos en la acción. Independientemente de que nuestra novela romántica tenga la delicadeza del subgénero Sentimental o la fuerza del Paranormal, la obra debe estar escrita en clave de acción. 
  • ¿Qué es esto? Que la trama de la novela se debe sostener sobre los retos a los que sometamos a nuestros protagonistas, y cómo reaccionan  a estos a nuestros retos. 
  • ¿La fórmula? A retos más arriesgados, reacciones más arriesgada. De esta forma  el diálogo y la descripción tendrán el equilibrio necesario en función de la acción que estemos narrando en cada momento.




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