¡RÍNDETE!, POR J. DE LA ROSA


Se rinden los que lo han perdido todo, los cobardes, los que van a ser conquistados, los que no tienen fuerzas, los que están en minoría, los sitiados, los vencidos. Al menos eso nos han dicho. Sin embargo, tengo un gran consejo para ti: ¡Ríndete! Y te voy a contar por qué.

Desde que tengo uso de razón todo me ha gritado que no debo rendirme jamás: los anuncios en la tele, los estrenos en el cine, las novelas de género, los profesores en la escuela, los gurús de la comunicación, las personas razonables, aquellos a quienes admiro. A mí, a ti, nos ha perseguido una idea difusa de que debemos luchar, continuar adelante, hasta el último aliento, pero no rendirnos nunca. Rendirse se entiende como el asesinato de «seguir tus sueños»... ¿Y quién puede dejar de hacerlo? ¿Quién puede dejar de soñar? Sin embargo, una mirada detenida a esta compleja palabra con 13 acepciones en nuestra lengua, puede encerrar otros matices, otros significados en los que quizá no hayas reparado.

Utilizamos gran parte de nuestra energía en avanzar por el camino que nos hemos marcado (o que nos han marcado). Unas veces no es más que la espiral determinada por nuestro nacimiento: crecemos, estudiamos, compramos un coche, encontramos pareja, un trabajo, buscamos una casa, vivimos juntos, los hijos, un coche más grande, una casa más grande. Otras es el resultado de la persecución de nuestros deseos: una idea que martillea en nuestra cabeza, un objetivo claro, una lucha incesante por alcanzarlo.

Pero quizás al seguir esos caminos firmemente trazados, sumidos en nuestras obligaciones vitales, desdeñamos los cambios sutiles a nuestro alrededor, y dentro de nosotros también. Dejamos de ver, de oír, se sentir aquello que la vida nos tiene dispuesto. Dejamos de captar las señales, de apreciar las casualidades, de intuir los cambios. Nos resistimos. Luchamos para que no nos venzan, para seguir con nuestra vida tal y como está determinada, inamovible, aparentemente controlada por nosotros mismos. La vida correcta, aunque no sea la vida que nos hace felices y libres. No nos dejamos rendir.

Soy un tipo luchador, quizá en los grandes acontecimientos, como la enfermedad, el Medio Ambiente o la defensa de los derechos, no haya que dejarse rendir. Pero en el resto...

Me atrevería a decir que algunas de las cosas más importantes de tu vida, las que son realmente fundamentales, no han sido planificadas por ti.
  • Quizás encontraste a la persona que amas por casualidad, un día que decidiste girar a la derecha en vez de a la izquierda.
  • Es posible que tus mejores amigos llegaran a ti por una casualidad de tus padres al elegir la escuela o de tus profesores al repartir las clases. O porque esa noche te quedaste unos minutos más.
  • Tampoco elegiste a una parte de tu familia. Ni a tus padres ni a tus hijos si los tienes. Eres, son el resultado de una casualidad «cósmica».
  • Y me apostaría a que el día más feliz de tu vida no lo planificaste. No aquel que nos dicen «ese es el día más feliz de tu vida», no. Sino el de verdad. Aquel en que ocurrió algo sin importancia, intrascendente, pero que aún recuerdas con tu mejor sonrisa en los labios.


Así es. A veces, nuestra obsesión por avanzar, por luchar por un futuro que es solo el espejismo de lo cierto, nos impide detenernos un instante en el presente, mirar alrededor, dejarnos vencer y esperar a ver qué nos propone la vida. Sin planes. 

Porque vamos demasiado deprisa. Automatizados. Estamos demasiado determinados a alcanzar nuestros objetivos.

!Detente y ríndete! Deja que las cosas sucedan. No opongas resistencia. Vuelve a dar una oportunidad a la casualidad.
  • Gira a la izquierda en vez de a la derecha (y esto no es un consejo político).
  • Si siempre te equivocas de puerta... ¿no estaría bien entrar a ver qué pasa?
  • Déjate guiar por lo que intuyes y no por lo que piensas.
  • Concédete unos minutos de silencio, de inactividad, de paz.
  • Suaviza tus sueños si suponen un lastre demasiado pesado.
  • Vive el presente. El pasado ya no existe y del futuro solo tenemos la certeza de que no será como lo imaginamos.
  • Quédate unos minutos más, aunque mañana debas madrugar.
  • Da una oportunidad a los desconocidos, aunque tengas tantas cosas que hacer.
  • Abandona tus prejuicios, porque solo consiguen apartarte del lado brillante de la vida.

¡Ríndete! Quizá el cambio que esperas no es algo que tú debas hacer, planificar.... sino solo algo que debas aceptar.

PD: Y mi amiga Margarita Arjona se fue a Soria.
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