EL LADO SALVAJE DE LA VIDA, POR J. DE LA ROSA


Tengo una ligera obsesión, quizá enfermiza, por entender qué diablos hago en este mundo. Posiblemente tú también, y Aristóteles, y Séneca, y Kant, y todo aquél que en algún momento se ha planteado si somos el mero fruto de una casualidad o si existe una explicación a algo tan complejo como es nuestra conciencia.

Veo la vida como una espiral ascendente. Quizá porque los huracanes y los tornados tienen esa forma y su fuerza centrípeta lo arrastra todo hasta arriba y hacia el centro hasta llegar a un punto donde muere. Así veo yo la existencia. Naces y el plan, aunque un tanto frívolo y simplista (permítemelo), ya está trazado:

  • Te educan para seguir las reglas de comportamiento.
  • Adquieres el cocimiento teórico necesario para vivir en sociedad.
  • Terminas los estudios.
  • Te sacas el carnet de conducir.
  • Conoces a alguien (este punto puede ir antes o después).
  • Alquilas o comprar un piso.
  • Tienes un hijo o varios.
  • Los grupos de papás y mamás.
  • Un coche más grande.
  • La casa de la playa.
  • Más horas de trabajo para pagarlo todo.
  • Cambias de coche por uno mejor.
  • Los hijos empiezan a marcharse.
  • La jubilación y los sueños que ya no tienes fuerzas para cumplir.
  • Posiblemente el divorcio en algún punto del trayecto.

Sí, demasiado simplificado y esquemático, pero  solo es para entendernos, porque después de esto hay que empezar de nuevo hasta llegar a una meta que es lo único cierto que tenemos al nacer.

Si desde que naces te dejas arrastrar por esta enorme fuerza centípeta que tiene forma de espiral, es posible que las cosas te vayan bien. Y si no es así, al menos casi te puedo garantizar que podrás encontrar respuesta a tus preguntas entre los que te rodean.

Los que por alguna razón nos quedamos fuera de la espiral, o porque decidimos no estudiar, o porque preferimos no tener pareja, ni hijos, ni un trabajo estándar, ni un coche grande ni pequeño. Los que incluso decidimos poner en cuestión la bondad de esta espiral ascendente y arrolladora aunque repleta de seguridad, solemos tener problemas. Quizá no más que los otros, pero sí es más complejo encontrar las respuestas porque no hay una tradición social centenaria que ya las haya dado.

En definitiva, creo que la única razón por la que estamos aquí es para conocernos a nosotros mismos y experimentar qué nos puede ofrecer la vida.

Vivir fuera de la espiral es lo que Lou Reed llamaba Walk on the Wild Side. En el imaginario de Lou entiendo que un tanto más alocado que en el mío, pero igualmente al margen de lo «correcto». Un camino duro y excitante lleno de peligros. ¿Te apuntas?



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