SOY UN PATRIOTA, POR J. DE LA ROSA

Las palabras son más que un continente lleno de significado. Tienen la capacidad esotérica, si encontramos la adecuada, de abrir la cueva de Aladino; de convertirnos en rana si forman el conjuro correcto; de provocar una declaración de guerra si es dicha por un poderoso; o de transformarnos en hombres y mujeres santos de manos de un gurú místico.

No hace mucho terminé la lectura de «Patria», de Fernando Aramburu, una de esas grandes novelas que exponen lo irracionales y trágicos que llegamos a ser. Durante un par de años he desarrollado un extenso trabajo de investigación para documentar «Bajo el Puente de los Vientos», que se desarrolla en una época, finales del XVIII, donde se acuñan los significados que aún hoy envuelven la palabra «Patria».


Tanta patria en los últimos meses, por no hablar de las noticias, me quema un poco la piel. Tanto que este concepto ha provocado en mí, desde que recuerdo, un rictus extraño. Por un lado, tiene que ver con lo que conoces y amas, con lo que te han transmitido los tuyos a lo largo de la vida, con tu forma de hablar, de comportarte con los demás, con los que quieres y te quieren, con tus ancestros, con tus referentes, con tu cultura, con lo conocido. Por otro, está estrechamente vinculada con las fronteras, con las diferencias en su peor versión, con las malquerencias porque soy mejor que tú, con la violencia, con los dictadores, con los abusones, con los que prefieren la guerra a la paz.

Quizá por eso, la única patria que yo puedo defender no tiene fronteras por una imposibilidad física. La componen todos los lugares donde he vivido o que han sido un referente para mí aun sin haberlos pisado. Los lugares que me han conformado tal y como soy, la buena o mala persona en la que me he convertido. Mi patria está compuesta por grandes metrópolis y hermosos pueblos y aldeas: Londres, Girona, Jaipur, Montpelier , Roma, Sevilla, Vigo, París, Caños de Meca, Tokio, Conil de la Frontera, Nueva York, Ciudad del Cabo, Melbourne, Écija, Buenos Aires, Burgos, Cuzco, El Cairo, Benarés, Cordoba, San Francisco, Madrid, Puerto de la Encina, Barcelona, y un largo etcétera.

Mi patria no es monocultural. Soy lo que soy porque me fascinan el flamenco, el jazz, la bossa nova, el pop británico de los 70, los mantras tibetanos. Amo el teatro de lo absurdo, la comedia del arte, el teatro negro y las tragedias de Sheakespeare. Practico yoga, hago running y me asombra un combate de sumo. Me emociona chillida, Francis Bacon, Andy Warhol y Ai WeiWei. Amo el cine de kurosawa, de Pilar Miró y de John Ford.

Esta patria mía tiene una historia extraordinaria. Por un lado mis ancestros crearon rutas comerciales que atravesaban toda Asia Oriental. Por otro, alzaron culturas alrededor del Caribe en época precolombina y del Mediterráneo unos milenios A.C. Crearon una floreciente sociedad al norte de África, trabajaron el hierro de forma magistral al norte de Europa, tintaron la seda como nadie al este de Asia, aprendieron a convivir con la naturaleza en el corazón de Australia, y desarrollaron una astrología exquisita al sur de América Mis antepasados inventaron la imprenta, descubrieron las vacunas, refinaron la espiritualidad. Estos locos antepasados míos hicieron revoluciones en Europa y vencieron el Apartheid en África. Esta es mi patria, llena de historia. Aciertos y equivocaciones. Esta es mi historia.

Todas las personas que se circunscriben a esta patria mía tienen una lengua común: la de entendernos. La de salvar las diferencias lingüísticas para poder comunicarnos unos con otros. Lo hacemos en idiomas tan nuevos o tan antiguos que siempre son sorprendentes y dignos de admirar y de preservar. Todos hermosos, todos necesarios de aprender y de respetar. 

Mi patria no es bidimensional, porque dentro de estos territorios que he descrito no me siento identificado con todos los que habitan en ellos. No soy hermano de los violentos, de los radicales, de los intolerantes, de los manipuladores. Esos no pertenecen a mi misma patria aunque hayan nacido y vivan en la puerta de al lado. Mi patria está compuesta por personas que creen en la justicia, en la igualdad, y en que este puede ser un mundo mejor, más unido, y sin fronteras. Un lugar donde intentamos entender y querer al prójimo sin juzgarlo por donde ha nacido, por su sexualidad, su religión, su nivel económico o el color de su piel.

Esta patria tan diversa se basa en personas que respetan a las personas. Que no quieren imponer sus ideas. Que no pretenden manipular a las masas. Que aciertan y se equivocan. Que son tan conscientes de quiénes son y de dónde vienen que no necesitan reafirmarse.

Esta es mi patria. Es la única patria que acepto. Y me siento un gran patriota.


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